Dices
que no es la ceniza del muerto,
ni el peso del cuerpo cuando duerme,
ni la sombra que frunce la frente,
que no es el territorio que me habita,
ni el agua que bebo,
ni el botijo que la contiene.
Yo no sé de certezas,
pero ¿acaso no percibes mensaje
en la ceniza del muerto,
en el peso del cuerpo,
en la sombra, en la frente,
en la tierra, en el agua,
o en el botijo que la contiene?
en lo que nace,
en lo que necesita ser,
en lo que embriaga,
escarcha, convulsiona,
abraza, arremete, purifica,
en el sudor, en la huella,
en el matiz, en el candado,
en el polen, la túnica,
el miedo, el torniquete,
la noche, el cuchillo,
en el estruendo,
en el silencio,
allí donde viaje una respuesta
que le dé la razón a la vida,
o a aquello que fue
o puede ser,
donde la palabra
y más allá
y donde no.
Si eso es,
conjetura lo que puede no ser.